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Artículo actualidad económica (feb-2021)

Hay quien considera a la responsabilidad social corporativa como una herramienta más de marketing: autobombo a costa de los más necesitados. No es así, desde luego, para nuestro entrevistado. Dirige un despacho de abogados mediano en Madrid, y prefiere permanecer en el anonimato para no dar argumentos a los cínicos. Tiene un mensaje importante para los que no saben cómo canalizar su altruismo: empecemos por nuestro propio trabajo.

¿Cuál debería ser la prioridad de un empresario que quiera dejar una huella en la sociedad?
En estas mismas páginas leí hace tiempo unas declaraciones de Robert Sirico: “¿Quiere ayudar a los pobres? Monte una empresa”. Efectivamente, crear puestos de trabajo produce el impacto social más efectivo y duradero.

Parafraseando el dicho, supone “enseñar a pescar”, y no solo “dar un pez”.
Por otro lado, una empresa tiene que cuidar a todos los stakeholders, y no solo a sus socios o a los accionistas, algo que ya está calando entre las grandes corporaciones. Así lo ha afirmado recientemente la Business Roundtable, que reúne a algunas de las principales compañías estadounidenses.

¿A quién más debe servir una empresa?
Potencialmente a toda la sociedad. Los clientes, como es lógico, han de ser lo primero. Pero, gracias a la experiencia acumulada y al talento de los trabajadores, será natural que la productividad desborde los cauces estrictamente comerciales y alcance incluso a quienes no pueden pagar. Es lo que se conoce como trabajo pro bono.

Por ejemplo, un despacho puede prestar un servicio extraordinario a personas vulnerables asesorándolas en cuestiones de extranjería o laborales, algo urgente en estos tiempos convulsos. Las relaciones profesionales con otros colegas son un aliado: yo no daría un buen servicio asesorando en cuestiones laborales, pero sí puedo alentar o cooperar con otros más expertos. Estos días, sin ir más lejos, estoy ayudando a una familia con muy pocos recursos a que consiga financiación para una vivienda, a un migrante a buscar un empleo que le permitirá obtener un permiso de trabajo…. Si abrimos los ojos es difícil no descubrir casos en los que podemos ayudar.

Este concepto del trabajo pro bono se ha extendido especialmente en el mundo legal. ¿Qué ventajas ofrece este sector en cuanto a la cooperación social?
Los abogados contamos con un “tesoro” que debemos hacer rendir en favor de la sociedad: por la naturaleza de nuestro trabajo, los clientes depositan en nosotros una confianza especial. Y un gran poder comporta una gran responsabilidad. Desde un puesto como el mío podemos conectar a nuestros clientes con proyectos que sean de su interés: iniciativas en educación, sanidad, acompañamiento a personas vulnerables, ciencia, medioambiente, etc.
Otra vía son los documentos de últimas voluntades. En los despachos conocemos clientes que estarían dispuestos a destinar parte de su patrimonio a iniciativas benéficas en su testamento. Es cuestión de saber explicarlo y dar facilidades. Un ejemplo es lo que ha ocurrido con The Giving Pledge. Este proyecto, que nació en 2010, funciona como un compromiso por el que algunas de las personas más ricas del mundo –solo pueden participar multimillonarios– prometen donar al menos la mitad de su riqueza a programas de ayuda social, ya sea durante sus vidas o a su muerte. Lo promovieron Warren Buffet y el matrimonio Gates, afortunadamente existen otro tipo de iniciativas a las que se puede contribuir sin ser millonario.

¿Cómo se podría mejorar la efectividad de la responsabilidad social corporativa?
También en la filantropía hay que ser resultadistas, en el buen sentido de la palabra. Con la mejor de las intenciones, algunas empresas se empeñan en financiar proyectos pequeños, pero esto puede no resultar tan útil como unir fuerzas en un proyecto de mayor alcance. Ciertamente, cuando hacemos esto nuestra aportación pierde visibilidad, lo que puede disuadir a los que buscan un reconocimiento o publicitarse; pero si los motivos que nos mueven son sinceros, entonces muchas veces vale la pena “desaparecer”.

¿Con qué proyectos sociales colabora su despacho de abogados actualmente?
Colaboramos con bastantes iniciativas. Déjeme que destaque tres o cuatro, por su especial impacto social. Debo aclarar en primer lugar que procuramos no participar en proyectos financiados con fondos públicos: la mezcla generalmente no es buena, aunque existen excepciones. Uno de los proyectos con los que colaboro es Fomento de Fundaciones (Fundación Internacional). Se trata de una fundación “cauce”: Canalizar donaciones o ayudas de particulares a distintos programas que interesen a sus clientes, y se asegura de que el dinero llegue íntegramente, y de que se desarrollen según lo previsto. A su vez promueve el fenómeno fundacional en todo el mundo, financiando a otras instituciones cuando lo necesitan.

Un proyecto más concreto es Eastlands, una escuela de formación profesional en Nairobi (Kenya) para personas con pocos recursos. La capacitación que se ofrece es de calidad, como muestra el enorme atractivo que tienen sus egresados en el mercado laboral. Lo mismo ocurre en El Salvador con una escuela de Hostelería (Montemira), y con varias escuelas en España.

En el ámbito sanitario, además de algunos proyectos de investigación, estamos ayudando a ISSI, una escuela de enfermeras en Kinshasa (Congo). El impacto social de cada una de las graduadas es inimaginable.

Si alguien tiene esa sensibilidad social pero no sabe muy bien cómo ayudar, ¿qué le sugiere?
Existen muchas opciones buenas. Le sugeriría que acuda a Fomento de Fundaciones. Allí les orientarán para encontrar el proyecto que mejor se ajuste a sus intenciones. Se puede contactar a través del correo electrónico: info@fomentodefundaciones.org
Esa Fundación, como su denominación indica, está en relación con otras muchas fundaciones, y tiene una gran experiencia en la financiación de proyectos en todo el mundo.